Baridón


"El último viaje fue un gran mensaje de unidad"


Tres semanas antes de su fallecimiento, con la salud maltrecha pero haciendo honor a un compromiso afectivo que lo acompañó toda su vida, Juan Domingo Perón viajó a Paraguay. Fue su último viaje fuera de la Argentina. Y su última visita al exterior en calidad de presidente.

Tres semanas antes de su fallecimiento, con la salud maltrecha pero haciendo honor a un compromiso afectivo que lo acompañó toda su vida, Juan Domingo Perón viajó a Paraguay. Fue su último viaje fuera de la Argentina. Y su última visita al exterior en calidad de presidente. Aquella estadía, que fue breve, estuvo plagada de simbolismos. En una de las actividades oficiales, Perón cantó el himno nacional paraguayo completo. Sabía de memoria todas las estrofas.
Corría el 6 de junio de 1974, la relación entre el fundador del justicialismo y la tierra guaraní ya contaba con varios hitos previos. Desde la reparación histórica que significó la devolución del botín de la conquista durante la Guerra de la Triple Alianza que permanecía en manos del Estado argentino –restituido al Paraguay en agosto de 1954–, hasta el refugio en Asunción en el hidroavión Catalina, tras el golpe de Estado de septiembre de 1955.
¿Qué llevó a Perón a convertirse en un admirador de la gesta trágica del pueblo paraguayo en el siglo XIX? ¿Cuáles son los puntos de contacto históricos entre el mariscal Francisco Solano López y el propio Perón?

Estas preguntas, interrogantes que despiertan compromisos, se convirtieron desde muy temprano en la obsesión de Aldo Baridon. A sus 72 años, vecino de Rosario del Tala, Entre Ríos, este historiador autodidacta que vive modestamente con sus haberes de jubilado es la mejor prueba de alguien que está dispuesto a todo lo que sea para cumplir con su vocación. Veterano entrañable que trata de no perder la elegancia al posar con su bastón, Baridon demuestra que incluso con dificultades económicas se puede responder al llamado de aquello que conmueve, que moviliza en silencio y contagia a quienes están cerca. Todo eso explica por qué el entrerriano que trabajó durante años como electricista industrial en la fábrica Kolynos se convirtió con el tiempo en un historiador autodidacta, especializado en la Guerra de la Triple Alianza que devastó al Paraguay del siglo XIX.
Dos episodios marcaron a Baridon a lo largo de su vida. A los 21 años, con su familia instalada en Buenos Aires, Baridon compró en una librería de viejo el libro Retrato de un dictador, biografía del mariscal Francisco Solano López escrito por el viajero británico Robert Cunninghame Graham. Muchos años después, mientras colaboraba con el historiador José "Pepe" Rosa en la revista Línea, Baridon conoció de primera mano la experiencia de Rosa como embajador en Paraguay durante el tercer gobierno de Perón. Rosa amenazó con renunciar a su cargo en la sede diplomática tras cumplir con una orden del entonces canciller argentino, Alberto Vignes, una decisión con la que estaba en desacuerdo. "Vignes le había ordenado a Rosa que pidiera un compromiso escrito al gobierno paraguayo, en términos muy ofensivos, para la construcción de la represa Yacyretá", recuerda Baridon.
Rosa cumplió con la instrucción, pero al volver a Buenos Aires pidió reunirse con Perón. Entonces le dijo que la relación con Paraguay había quedado afectada y que sólo él, con su prestigio y liderazgo, podría resolver el incidente. "Perón, entonces, decidió viajar a Asunción, y lo hizo ese 6 de junio de 1974, con 2 grados de temperatura y bajo una llovizna. Tenía la salud muy quebrantada, los pulmones arrasados, pero igual decidió realizar aquel gesto, algo que a mí siempre me pareció descomunal. El acto se hizo en la cubierta de un barco, y en esa, ocasión Perón cantó el himno nacional paraguayo íntegro", relata Baridon. "Vuelve al país y a los seis días sale en público por última vez. Y luego muere a los 20 días. El viaje a Paraguay, en esas condiciones de salud, fue un mensaje gigantesco de unidad latinoamericana y hermandad de los pueblos", destaca el entrerriano.
El libro de Cunninghame Graham, junto a la anécdota sobre Perón y el Paraguay transmitida por Pepe Rosa, más la decisión de la presidenta Cristina Fernández de bautizar a un regimiento del Ejército –el Grupo de Artillería Blindado 2 de Rosario del Tala– como Mariscal Francisco Solano López, inspiraron a Baridon hasta el punto de sentir "un compromiso íntimo" con la historia del Paraguay y su relación con el peronismo. Entonces comenzó a documentarse y a estudiar sobre la guerra que, maquinada por Gran Bretaña, llevó a Bartolomé Mitre y al emperador brasileño Pedro II a iniciar una incursión de exterminio contra el pueblo paraguayo. Baridon se asumió como investigador de la historia del conflicto.

Simpatizante del peronismo desde adolescente, militante de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) en los ’70, donde conoció a la trabajadora social Lucía Cullen, desaparecida, Baridon fue uno de los ideólogos de una reciente iniciativa que tomó el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri.
"A fines de 2010, me informaron sobre la existencia de unos muebles del mariscal Solano López, que estaban en un museo histórico de Paraná. Ahí empiezo a ir a la gobernación, a pedir que esos muebles fueran devueltos al Paraguay", cuenta. Los muebles en cuestión eran diez sillas, un escritorio, un billet (mueble con espejo) y un dressoir (aparador) que Solano López había comprado en Alemania. La devolución del mobiliario, que se concretó el viernes último, a través de un avión de la Fuerza Aérea enviado a Asunción,  puede ser leída como una segunda reparación histórica. Según el gobierno entrerriano, la entrega formal de los muebles se realizará en el marco del inminente viaje de Cristina al Paraguay, programado para el 2 y 3 de julio.

Baridon enviudó hace cuatro años. Su esposa, Gilda Vargas, fundadora del gremio docente de Entre Ríos, directora de una escuela rural, falleció tras padecer una enfermedad que le afectó el sistema inmunológico. "Murió a causa de la fumigación de la soja, pasó un avión fumigando y ella no se dio cuenta", cuenta.

Baridon vive con su jubilación, no pudo cobrar la pensión por su mujer. "Hice todo el trámite mal", se lamenta. "Mi dedicación a la investigación de la Guerra del Paraguay ha sido muy precaria. Siempre me manejé con lo mínimo", confía a Tiempo Argentino. Su biblioteca es una de las más completas en la historia de la Guerra de la Triple Alianza de toda la región mesopotámica. Y su admiración por la dignidad de Solano López hasta su caída en Cerro Corá apenas compite por su reconocimiento a Perón y su vocación latinoamericanista. La obra más conocida de Baridon, que guarda como un tesoro una bandera paraguaya recibida en homenaje a su trabajo, es un poema dedicado a Perón. "Él vino a dar la vida por nosotros/ su presencia late en el corazón de los argentinos/ es el hacedor de la patria/ cumplió la promesa de hacer feliz a su pueblo/ su pasión es nuestra pasión/ su retorno, nuestro retorno/ emergerá de la tierra y bajará de los cielos para darnos vida/ para que los vientres florezcan hijos y las manos maduren pan/ para que el trabajo dignifique y no esclavice/ para que los padres estén juntos y los hijos no se pierdan/ para que el aire, el sol y la tierra sean del hombre/ como el primer día/ y otra vez camine, digno y erguido/ y otra vez la multitud sea su espejo".

Fuente: Martín Piqué - Tiempo Argentino


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